jueves, febrero 07, 2008

Cthulilla ha arruinado mi party

Ya sé que juré hablar de zombies, pero es que acabo de volver de ver Cloverfield (perdón, Monstruoso) y me ha parecido mas urgente hablar de ella, estreno reciente al fin y al cabo, que de terror trash de los setenta. No se me preocupen, volveré a los zombies cuando tenga un poco mas ordenado lo que quiero decir de ellos.

En cuanto a Cloverfield, justo lo que me esperaba. Detrás del hypazo está nada mas y nada menos que el Godzilla de Emmerich levemente modernizado. Lo de modernizado lo digo mas que nada porque el filme de J.J. Abrams (que sólo es de Abrams en el "conceto", ya que ni escribe ni dirige) incorpora el lenguaje visual heredado de los medios que cubrieron fatídico atentado 11 de Septiembre.

La película viene a contar la historia de la fiesta de despedida del joven Rob, un yuppie veinteañero que abandona Nueva York para ir a trabajar a Japón, truncada por el ataque de un monstruo gigante salido de vaya-usted-a-saber-donde. La misma videocámara en la que los amigos de Rob están grabando el guateque registrará el ataque de la cosa y los esfuerzos del chico por rescatar a su ex novia, atrapada en algún lugar de Manhattan.

Así que como Blair Witch Project, Diaries of the Dead o la española [Rec*], está grabada "cámara en mano". Ahora bien, Cloverfield no es ni de lejos el [Rec*] americano, ni el nuevo Blair Witch. Matt Reeves (director) y Drew Goddard (guionista) han desperdiciado alegremente las posibilidades que ofrece el camcorder horror y han optado por una película de monstruos high-tech, hollywoodiense. Como decía antes, el resultado de añadir al Godzilla de Emmerich la destrucción del 11-S.

Curiosamente, cuando la película se aleja de uno y de otro es cuando mejor funciona. Cuando explota la incertidumbre o juega con las limitaciones del ojo de la videocámara, es cuando Cloverfield consigue algunas escenas realmente inquietantes.

Pero no nos engañemos, esas escenas son apenas segundos en la hora y diez minutos de metraje. Lo demás, destrucción que de puro rutinario (el monstruo sólo tumba edificios y no parece moverse de Manhattan) termina por cansar, una criatura que a estas alturas no sorprenderá a nadie (un cruce de Godzilla y Cthulhu que mis amigos bautizaron como "Cthulilla", lease chulilla), bastantes lugares comunes del terror, y unos personajes de cartón piedra que nunca llegan a interesar.

Los personajes son sin duda el mayor fallo de esta película, y no es por la antipatía que los yuppies provocan. El problema es que incluso esa antipatía se desvanece. Hubiera sido una idea excelente que Reeves y Goddard nos hubieran mostrado la reacción al ataque del monstruo de unos pijos repelentes, preocupados por mantener sus manolos en perfecto estado en medio de la destrucción. En cambio, terminada la escena de la fiesta, el poco esfuerzo que los cineastas han puesto en construir sus personajes desaparece. El diálogo pasa a ser una sucesión de "ooohhhh...", "aaaaahhhh..." y "Dios mío...". Por si fuera poco, las proezas físicas, las heroicidades y la capacidad de los protagonistas para sobrevivir a varias situaciones de peligro extremo terminan por apartarlos definitivamente de la realidad.

Y de verdad que no nos hubiera importado ver la destrucción repetitiva, la criatura poco original y los lugares comunes si de verdad hubiésemos sentido algo por Rob y sus compañeros o hubiesemos visto en ellos el mas mínimo atisbo de credibilidad. Al fin y al cabo, [Rec*] paseaba a su gusto entre lugares comunes del terror introduciendo en ellos a personajes reales. El camcorder horror, terror de videocámara, depende por lógica de la cercanía, de la capacidad para introducir el terror en situaciones cotidianas, o de hacer vivir a personajes creibles situaciones increíbles. Cuanto mas creible y cercano sea, mas terrorífico será.

Sin este detalle sólo queda la videocámara. Y si a Cloverfield (perdón, Monstruoso) le quitas la videocámara, lo que queda es una producción de Hollywood bastante convencional, con sus momentos buenos y sus momentos malos pero no la revolución cinematográfica que dicen que es.

Bola extra 1: Un par de segundos de este tema de Architecture in Helsinki suenan durante la fiesta que abre Cloverfield, junto con otros de Gorillaz, Of Montreal o Moby, solo por citar unos cuantos.

Bola extra 2: Habrá secuela. Los créditos terminan con una voz casi inaudible: "Help us, it's still alive".

Bola extra 3: Si después de verla te quedas con ganas de seguir tumbando edificios y desatando el pánico, prueba a jugar al clásico Rampage. Midway ofrece una versión flash desde su página web.

2 comentarios:

La Pequeña Baguette dijo...

Vaya con el señor Monstruoso...perdón, Cloverfield, uy, perdón, retrasado.

Anda, escribe algo en Godzilla...
Ya va soltándose un poco nuestra monstruita...
Parece que gusta...

Bieeeeeeeeeeeeennnnnnnnnnnnnn!!!!!

Baturroid dijo...

¿Nos ha vuelto a agregar miqui puig?